Madrid, 2 de julio de 1888. El calor es insoportable, de ese que se pega a la ropa, y la ciudad está sumida en su letargo habitual. Pero en el número 109 de la calle Fuencarral, algo huele mal. Y no es una metáfora. Los vecinos se despiertan con un olor penetrante a carne quemada y petróleo. Lo que encontraron al tirar la puerta abajo no fue solo un asesinato; fue la chispa que incendió a toda España.
Bienvenidos al Crimen de la Calle Fuencarral, el abuelo de todos los circos mediáticos españoles.
Los Protagonistas de Nuestra Novela Negra
Para entender este lío, primero tenéis que conocer al elenco. Ni el mejor guionista de Netflix habría juntado a un grupo tan dispar:
- La Víctima: Doña Luciana Borcino. Viuda, rica, pero más agarrada que un chotis. Vivía rodeada de dinero pero con una austeridad espartana. Su asesinato fue brutal: apuñalada y prendida fuego.
- El «Villano» Perfecto: José Vázquez Varela, alias «El Pollo Varela». Hijo de la víctima, vividor, pendenciero y, en teoría, encerrado en la cárcel por robar una capa. Para el pueblo, él era el símbolo de todo lo que estaba mal con los «señoritos» ricos.
- La Enigma: Higinia Balaguer. La criada. Analfabeta, recién contratada y con una mirada que el mismísimo Benito Pérez Galdós describió como de «ave de rapiña». La encontraron desmayada en la casa, supuestamente víctima de los humos… aunque el perro de la casa, el famoso bulldog «Chato», estaba frito a base de narcóticos.
El «Show» de Higinia: ¿A quién creemos hoy?
Aquí es donde la historia se vuelve loca. Higinia no se conformó con decir «yo no fui». ¡Qué va! Se marcó un tour de force narrativo que tuvo a la policía (y a media España) corriendo en círculos.
Primero dijo que no sabía nada. Luego, que fue un «hombre con barbas» (un clásico). Pero cuando vio que nadie le compraba la moto, soltó la bomba: fue «El Pollo Varela». Según ella, el hijo había venido desde la cárcel, matado a su madre por dinero y la había obligado a callar.
¿El problema? Que Varela estaba supuestamente entre rejas. Pero Higinia tenía mucha imaginación, o mucha memoria, porque sus versiones cambiaban más que el tiempo en abril.
Escándalo en la Prisión: La «Cárcel Modelo» de Papel
La acusación de Higinia contra el hijo destapó la caja de los truenos. Resulta que la Cárcel Modelo de Madrid era de todo menos modélica. El director, José Millán Astray (sí, el padre del fundador de la Legión), tenía un sistema un tanto… flexible.
Se descubrió que «El Pollo Varela» entraba y salía de prisión como Pedro por su casa. Iba al teatro, se tomaba vinos y, según las malas lenguas, podría haber ido perfectamente a su casa a cometer un matricidio y volver a dormir a su celda.
Esto ya no era un crimen; era un escándalo político. La gente empezó a ver conspiraciones por todas partes: masones, políticos protegiendo a los suyos y una justicia de doble rasero.
La Guerra del Papel: Nace el Sensacionalismo
Si pensáis que el clickbait es un invento moderno, echad un vistazo a 1888. Los periódicos se dieron cuenta de que la sangre vendía, y mucho.
El país se partió en dos bandos irreconciliables:
- Los Higinistas: Leían El Liberal o El País. Para ellos, Higinia era una pobre chica de pueblo usada como cabeza de turco por una burguesía corrupta.
- Los Varelistas: Leían La Época. Defendían el orden y decían que acusar al hijo era una locura de radicales.
Fue una locura. Los directores de periódicos se metieron a abogados (la famosa «Acción Popular») y el juicio se convirtió en el reality show del siglo XIX. Galdós, que cubría el evento, estaba alucinado con cómo la prensa «cocinaba» la verdad para vender más ejemplares.
https://1wqgzhu22kencsayim6qqd3dfpdtxe46qj8zuseja7jb4sdgz9-h845251650.scf.usercontent.goog/gemini-code-immersive/shim.html?origin=https%3A%2F%2Fgemini.google.com&cache=1
El Final del Acto: Garrote y Olvido
Al final, la fiesta terminó de la forma más trágica posible. A pesar de las dudas, de la corrupción carcelaria y de que nunca quedó claro al 100% qué pasó esa noche, la justicia cayó con todo su peso… sobre la criada.
El 19 de julio de 1890, Higinia Balaguer fue ejecutada a garrote vil ante 14.000 personas que se agolpaban como si fuera la final de la Champions. Sus últimas palabras fueron para su amiga y supuesta cómplice: «¡Dolores, catorce mil duros!». ¿El dinero del robo? ¿El precio de su silencio? Nunca lo sabremos.
¿Y el «Pollo Varela»? Se fue de rositas en el juicio por asesinato, aunque su vida siguió siendo un desastre y acabó sus días lejos de Madrid.
El Crimen de la Calle Fuencarral nos dejó una lección que todavía resuena: a veces, la verdad importa menos que una buena historia, especialmente si esa historia vende periódicos.



