Angie: La Arquitectura del Engaño y el Crimen «Casi» Perfecto

La mañana del jueves 21 de febrero de 2008, una empleada de la limpieza entró en un loft turístico de la calle Camprodón, en el coqueto barrio de Gracia, Barcelona. Dentro, se topó no con el desorden de una tragedia, sino con el silencio quirúrgico de un plan ejecutado. En el sofá yacía el cuerpo de una mujer joven, completamente desnuda, con una bolsa de basura en la cabeza, ajustada al cuello con cinta aislante de color blanco. El apartamento estaba impoluto, ordenado hasta un extremo inquietante. Los únicos elementos que rompían la pulcritud eran una peluca de pelo negro azabache y un par de botas altas de cuero, abandonadas cerca del cadáver. No había ropa, ni bolso, ni documentos. Para los Mossos d’Esquadra, la pregunta inicial era tan compleja como la propia escena: ¿se trataba de un juego sexual que había terminado en tragedia o estaban ante la escenificación de un asesinato meticulosamente planeado?

1. La Víctima: ¿Quién era Ana Páez?

La víctima fue identificada como Ana María Páez Capitán, una diseñadora de 36 años que trabajaba en una empresa textil. Lejos de la sórdida imagen de su muerte, Ana era descrita por sus allegados como una mujer sencilla y creativa. Llevaba nueve años de relación estable con su pareja, Carlos, con quien vivía en la zona de Glòries. Estaba ilusionada con su nuevo trabajo, donde por fin se sentía valorada, y comenzaba a plantearse la idea de formar una familia. El brutal contraste entre su personalidad y las circunstancias de su muerte dejó a su familia en un estado de shock. La habían visto por última vez el martes 19 de febrero, cuando le dijo a su pareja que había quedado para cenar con una amiga. Al no regresar, su familia denunció su desaparición el miércoles 20, un día antes del macabro hallazgo.

2. La Sombra de la Duda: Primeras Pistas y una Amiga Inusual

Los investigadores identificaron a Ana gracias a la tarjeta de crédito con la que se había pagado el alquiler del apartamento. La amiga con la que supuestamente iba a cenar era María de los Ángeles Molina, «Angie», su antigua jefa de recursos humanos. Cuando la policía la interrogó, Angie presentó una coartada sólida. Afirmó que la cena nunca tuvo lugar, que Ana la había llamado para pedirle que le «siguiera el rollo», insinuando que la usaba como excusa para una cita secreta. Además, aseguró que ese día, el 19 de febrero, ella había estado en Zaragoza recogiendo las cenizas de su madre, fallecida un año antes. La funeraria lo confirmó: Angie había estado allí, aunque su visita apenas duró diez minutos.

3. Desenmascarando a la «Duquesa»: La Doble Vida de Angie

El caso dio un giro dramático cuando los investigadores descubrieron varias extracciones de dinero de cuentas bancarias a nombre de Ana, realizadas el día de su muerte. Las cámaras de seguridad de los bancos mostraron a una mujer delgada con una peluca negra, idéntica a la encontrada en la escena del crimen. El momento clave llegó cuando le enseñaron las imágenes a Carlos, la pareja de Ana. Sin dudar un segundo, la reconoció: «Esa es Angie».

A partir de ahí, la policía se centró en la figura de Angie, descubriendo una vida de lujos que no se correspondía con sus ingresos. Bautizada como «La Duquesa» por sus conocidos, Angie había construido una fachada de aristócrata que contrastaba violentamente con sus humildes orígenes en Maluenda (Zaragoza). Conducía el primer Hummer de Barcelona, además de un Porsche 911 y un BMW, vestía marcas de alta gama y se movía por la «milla de oro» de la ciudad. Pronto, los investigadores destaparon la verdad detrás de esa opulencia: Angie llevaba años suplantando la identidad de Ana para obtener créditos masivos y contratar seguros de vida a su nombre, cuyo cobro requería, necesariamente, la muerte de su «amiga».

4. La Arquitectura del Engaño: Un Plan de Dos Años

La estafa de Angie no fue impulsiva, sino una estructura criminal meticulosamente diseñada que comenzó en 2006. Su antiguo puesto como jefa de Recursos Humanos fue el cimiento de su plan, dándole acceso ilimitado a los documentos originales, datos personales y nóminas de Ana. Con esta información, trazó los planos de una red de engaño financiero para sostener un estilo de vida que no podía permitirse. El alcance del fraude fue asombroso.

Instrumento FinancieroValor Total Aproximado (EUR)Propósito del Fraude
Préstamos Personales (6 pólizas)€102,415Financiar el lujoso estilo de vida inmediato de Angie.
Seguros de Vida (Entre 10 y 20 pólizas)€840,000Cobrar tras la muerte de Ana Páez, la cual era necesaria para activar las pólizas.

Para desviar las sospechas, Angie utilizó como beneficiaria de los seguros a una mujer llamada Susana Bascuñana, a quien le habían robado el DNI en una copistería. Su plan era perfecto en su concepción, pero dejó un rastro imborrable.

5. La Noche del Crimen: Reconstrucción de un Asesinato Frío

El martes 19 de febrero de 2008, Angie ejecutó la fase final de su macabro plan.

  1. Por la mañana, viajó a Zaragoza para crear su coartada, pagando los peajes de ida con tarjeta. De regreso a Barcelona, pagó en efectivo para no dejar rastro electrónico de su vuelta.
  2. Atrajo a Ana al loft con la excusa de que quería enseñarle el apartamento que supuestamente acababa de comprar.
  3. La hipótesis de la investigación es que, una vez allí, drogó a Ana para anular su resistencia. En el registro de la casa de Angie se encontró una botella de cloroformo, que encajaba con la ausencia de signos de lucha en la víctima.
  4. Con Ana inconsciente, procedió a escenificar la escena: la desnudó, le colocó la bolsa en la cabeza asegurándola con cinta aislante y sembró pruebas falsas para simular un juego sexual que salió mal.
  5. El detalle más escalofriante fue la siembra de semen. Días antes, Angie había acudido a un local de gigolós llamado «American Gigolo». Allí, pagó a dos hombres para que eyacularan en recipientes de análisis, sin tener contacto físico con ella. Luego usó ese material biológico para contaminar el cuerpo de Ana y la escena del crimen.

6. El Juicio y la Sentencia: Entre la Frialdad y los Yogures

Durante el juicio, celebrado en 2012, Angie mostró una actitud fría y altanera, negando todas las acusaciones con una calma imperturbable. En un momento que se convirtió en el símbolo de su psicopatía, intentó justificar sus movimientos la noche del crimen con una trivialidad desconcertante. Ante la acusación de un asesinato brutal, su coartada más memorable fue: «Yo sin yogur de dulce de leche cada noche me tomaba uno».

Las pruebas que la condenaron fueron abrumadoras:

  • Localización del móvil: Su teléfono la situó a 300 metros del loft a las 19:52 de la tarde del crimen, desmontando su coartada de Zaragoza.
  • ADN en la peluca: Se encontró ADN de Angie en los cabellos de la peluca negra hallada junto al cadáver.
  • Testimonio de los gigolós: La reconocieron sin dudar como la mujer que les pidió el extraño servicio de los recipientes de semen.
  • Documentación incriminatoria: El DNI, el pasaporte y las tarjetas de crédito de Ana fueron encontrados por el entonces novio de Angie, Miguel, escondidos detrás de la cisterna del váter de su propia casa, donde ella los había ocultado.

En marzo de 2012 fue condenada a 22 años de cárcel. Posteriormente, el Tribunal Supremo rebajó la pena a 18 años. El motivo fue un tecnicismo legal que la familia de la víctima calificó de «absurdo»: como no se pudo identificar la sustancia exacta con la que fue drogada Ana, el tribunal argumentó que no se podía probar más allá de toda duda razonable que estuviera completamente incapacitada para defenderse, mitigando así la alevosía.

7. Ecos del Pasado: ¿Fue Ana la Primera Víctima?

La condena de Angie reabrió las sospechas sobre otra muerte misteriosa en su pasado: la de su primer marido, el empresario Juan Antonio Álvarez, fallecido en Canarias en 1996. El caso estableció un claro modus operandi. La causa oficial fue suicidio por envenenamiento con ion fosfato, un químico de sabor extremadamente fuerte, lo que hacía inverosímil una ingesta voluntaria. Las similitudes con el caso de Ana eran inquietantes: Angie también estaba de viaje (en Barcelona) cuando ocurrió, existía un claro móvil económico (una herencia considerable), la muerte fue extraña y escenificada, y Angie fue la principal beneficiaria. La familia de Juan Antonio, que nunca creyó en el suicidio, consiguió que se reabriera el caso. Sin embargo, tras casi 20 años, la investigación fue finalmente archivada por falta de pruebas concluyentes.

8. Conclusión: La Impostora Incorregible

El análisis criminológico definió a Angie como una «psicópata de manual», incapaz de sentir empatía o remordimiento, algo que demostró durante su encarcelamiento. En la cárcel de Brians 1 mantuvo una sonada rivalidad con otra famosa presa, Rosa Peral, con quien discutía sobre su respectiva notoriedad mediática. Pero esta búsqueda de estatus en prisión es solo un pálido reflejo de su incorregible naturaleza.

La prueba definitiva llegó en marzo de 2025. Durante un permiso penitenciario, Angie fue detenida de nuevo, acusada de conspirar para cometer un nuevo asesinato mediante la contratación de sicarios. Su historial de manipulación continuó ese mismo año, cuando consiguió que un juez suspendiera cautelarmente el estreno de la docuserie de Netflix Angi: Crimen y Mentira, alegando un uso no consentido de su imagen y demostrando su habilidad para usar el propio sistema legal como herramienta de control.

La historia de Angie es un escalofriante estudio sobre la codicia sin límites. Su trayectoria demuestra que, para un depredador de su calibre, el «crimen perfecto» no es un suceso aislado, sino una aspiración constante, una meta que persigue con una frialdad que aún hoy sobrecoge.

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