En medio de los campos de olivos y las llanuras que rodean El Palmar de Troya, un pequeño municipio al sur de Sevilla, se alza una estructura que desafía toda lógica: una monumental basílica de torres imponentes y cúpulas recubiertas, un Vaticano en miniatura plantado en el corazón de la Andalucía rural. Esta es la sede de la Iglesia Palmariana, uno de los movimientos religiosos más herméticos y controvertidos de la historia reciente de España. Su historia, más propia de una novela que de la realidad, alcanzó su punto más álgido recientemente cuando su líder, el «Papa» Gregorio XVIII, abandonó la iglesia por amor, la denunció públicamente como un fraude y, en un giro de guion inverosímil, intentó atracar su propia basílica a mano armada. La pregunta es inevitable: ¿cómo surgió un movimiento tan extremo y qué se esconde realmente tras sus altos muros?
1. El Origen: Apariciones marianas en la España de Franco
La historia comienza en 1968. España vivía bajo el régimen de Franco, un estado confesional católico donde la religión impregnaba todos los aspectos de la vida pública. Sin embargo, en ciertos círculos católicos tradicionales, crecía el descontento tras las reformas del Concilio Vaticano II, vistas como una traición a la verdadera fe. En este caldo de cultivo, en la finca de La Alcaparrosa, en el empobrecido y eclesiásticamente marginado pueblo de El Palmar de Troya, unas niñas afirmaron haber visto a la Virgen María sobre un lentisco.
El suceso atrajo rápidamente a curiosos y devotos, convirtiendo el lugar en un centro de peregrinación improvisado. Pero fueron dos personajes llegados más tarde quienes se apoderarían del movimiento y lo llevarían a una dimensión inimaginable:
- Clemente Domínguez Gómez: Un oficinista (office clerk) de Sevilla, descrito como un hombre carismático, extrovertido y con una habilidad especial para ganarse a la gente.
- Manuel Alonso Corral: Un abogado y gerente de la sucursal de una compañía de seguros, considerado el «cerebro» y estratega que daría forma y estructura a la operación.
Ambos se sumergieron tan profundamente en el fenómeno que sus frecuentes visitas al lugar de las apariciones provocaron su despido por absentismo laboral, un sacrificio inicial que cimentó su entrega total a la causa.
2. De Vidente a Pontífice: El ascenso de Gregorio XVII
Lo que empezó como un fenómeno local de apariciones marianas se transformó rápidamente en una iglesia cismática con su propio Papa. El ascenso de Clemente Domínguez fue meteórico y estuvo marcado por hitos decisivos.
El Cisma Definitivo: Un Arzobispo vietnamita y la excomunión
El punto de no retorno llegó en 1975 de la mano del arzobispo vietnamita Pierre Martin Ngô Đình Thục. Convencido de la autenticidad de las apariciones, y en contra de las órdenes expresas del Vaticano, Thục viajó a El Palmar y consagró obispos a Clemente, Manuel Alonso y otros seguidores. Este acto fue crucial: aunque Roma las declaró ilícitas, las consagraciones fueron consideradas válidas pero ilícitas. Esta distinción teológica es fundamental, pues significaba que, si bien el acto estaba prohibido, los palmarianos podían reclamar una línea de sucesión apostólica genuina, aunque cismática, lo que impedía que su jerarquía fuera desestimada como una simple fabricación sacramental. La respuesta de la Iglesia Católica Romana fue inmediata y contundente: la excomunión de todos los implicados.
El Mártir Ciego
En 1976, un grave accidente de coche en la carretera Bilbao-Behobia le costó a Clemente Domínguez la visión de ambos ojos. Lejos de ser un revés, este suceso fue reconvertido, en una hábil maniobra narrativa que cimentó su estatus de mártir entre sus devotos. Para sus seguidores, su ceguera no era una tragedia, sino un «sacrificio místico» que reforzaba su estatus de profeta, un hombre que había entregado su vista al servicio de Dios.
«Habemus Papam» en Bogotá
El momento fundacional de la Iglesia Palmariana ocurrió el 6 de agosto de 1978, tras la muerte del Papa Pablo VI. Clemente, que se encontraba de gira misionera en Bogotá, Colombia, afirmó haber tenido una visión trascendental: Jesucristo se le apareció y lo coronó místicamente como el nuevo y verdadero Papa, con el nombre de Gregorio XVII. Según esta revelación, la Santa Sede se trasladaba oficialmente de una Roma «apóstata», infiltrada por masones y comunistas, al único lugar santo que quedaba en la Tierra: El Palmar de Troya.
3. La Vida en el «Reino» Palmariano: Normas, Lujos y Secretos
Bajo el pontificado de Gregorio XVII, la vida dentro de la orden se convirtió en un microcosmos de control absoluto y contradicciones extremas.
Según el testimonio de Maria Hall, una exmonja neozelandesa que pasó ocho años en la orden, la vida de los fieles era un ejercicio de aislamiento total. El español era el único idioma de comunicación autorizado, el «silencio total era la regla» y las cartas a familiares eran censuradas por las superioras. Se impuso un código de vestimenta asfixiante, que incluía el uso obligatorio de «corsés con ballenas bajo el hábito de monja» y, al salir del convento, velos negros «que cubrían totalmente el rostro». Se prohibió hablar con «apóstatas», categoría que incluía a sus propios familiares no pertenecientes a la iglesia, y se censuró cualquier información externa.
Este rigor contrastaba violentamente con la vida de su líder, financiada por enormes donaciones como la de la Baronesa del Castillo de Chirel, que aportó el equivalente a más de 200.000 euros actuales. Exobispos han relatado la afición de Gregorio XVII al alcohol y las comilonas pantagruélicas. En una muestra de flagrante hipocresía, llegaba a llevar «grupos de hasta 20 obispos» a la Feria de Sevilla, donde incurría en gastos desorbitados y «empezaba a bailar». A estas acusaciones de despilfarro se suman otras mucho más graves de abusos dentro de la orden.
Para entender la singularidad de su doctrina, basta con enumerar algunos de sus actos y creencias más llamativos:
- Canonización de figuras como Francisco Franco, a quien consideraban el salvador de España y un cruzado de la fe.
- Celebración de misas muy breves, de menos de cinco minutos, basadas en el rito tridentino pero reducidas a su mínima expresión.
- La redacción de su propia «Santa Biblia Palmariana», una versión supuestamente corregida y libre de las manipulaciones que, según ellos, plagaban el texto tradicional.
- La creencia en un «Planeta de María», un lugar físico sin pecado habitado por almas elegidas que ayudarían en la batalla final contra el Anticristo.
4. Una Telenovela Papal: Fugas, Robos y Traiciones
Tras la muerte de Clemente en 2005, su mano derecha, Manuel Alonso Corral, le sucedió como Papa Pedro II, continuando con una línea dura que endureció aún más las normas internas. Sin embargo, los escándalos más espectaculares estaban por llegar con su sucesor.
Ginés Jesús Hernández, coronado como Gregorio XVIII, protagonizó uno de los episodios más surrealistas de la historia palmariana. En 2016, «perdió la fe», abandonó la iglesia y se fugó con Nieves Triviño, una exmonja de la orden de la que se había enamorado. Tras su huida, declaró públicamente que toda la Iglesia Palmariana era un «montaje» económico. El detonante de su investigación, según él, fue una advertencia de la propia Nieves: un grupo de exmiembros planeaba «robarle y darle una paliza».
Pero la historia no terminó ahí. En un acto de audacia increíble, Ginés y su ya esposa intentaron asaltar la basílica en 2018. Tras escalar el muro del recinto con una escalera telescópica, fueron interceptados no por un monje, sino por «una persona que se encontraba haciendo labor de mantenimiento en los jardines». El enfrentamiento derivó en una violenta reyerta con arma blanca en la que tanto Ginés como su mujer resultaron heridos de gravedad. El ex-Papa que denunció el fraude intentaba robar en la misma iglesia que había liderado.
5. El Palmar en la Era Digital: Una Secta con Página Web y Redes Sociales
Hoy, la Iglesia Palmariana se enfrenta a un colapso demográfico. Las estimaciones sitúan el número de fieles entre 1.000 y 2.000 en todo el mundo. Durante el papado de Gregorio XVIII se constató la falta de vocaciones y el envejecimiento de sus miembros, con una edad media de 54 años para los frailes y 58 para las monjas. Ante esta crisis, bajo el liderazgo del actual Papa Pedro III, el suizo Joseph Odermatt, la organización ha tomado una decisión paradójica para una institución que prohibía a sus fieles cualquier contacto con el mundo exterior.
Desde 2019, en lo que parece una desesperada táctica de supervivencia, la Iglesia Palmariana ha lanzado un sitio web oficial y ha abierto perfiles en YouTube, Facebook y Twitter. Su objetivo declarado es difundir su doctrina y contrarrestar lo que consideran «propaganda» y «mentiras» que circulan sobre ellos en internet. Una secta construida sobre el aislamiento más radical ahora busca su salvación en el espacio digital global.
6. Desmontando Mitos: Ni Hitler es un Santo ni son Sedevacantistas
La extraña naturaleza de la Iglesia Palmariana ha dado lugar a la difusión de información errónea. Dos de los mitos más extendidos merecen ser aclarados.
- El Santo Hitler: La afirmación de que los palmarianos canonizaron a Adolf Hitler es completamente falsa. Esta idea se originó en un sitio web fraudulento, un «web hoax» creado para parodiar o dañar a la iglesia, pero que ha sido erróneamente replicado por numerosos medios y fuentes, incluyendo Wikipedia en su momento.
- La Etiqueta de «Sedevacantista»: A menudo se les describe como sedevacantistas, es decir, católicos tradicionalistas que creen que la silla papal en Roma está vacante. Esto es incorrecto. La creencia palmariana es fundamentalmente diferente: ellos sostienen que la silla papal no está vacante, sino que fue legítimamente trasladada por orden de Cristo de Roma a El Palmar de Troya en 1978. Ellos no creen que no haya Papa; creen que su Papa es el único verdadero.


